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Vosotras, las familiares,
¡Oh, viejas moscas voraces ¡Moscas del primer hastío Y en la aborrecida escuela,
-que todo es volar-, sonoras
de infancia y adolescencia, de siempre... Moscas vulgares,
sobre el juguete encantado,
Inevitables golosas,
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miércoles, 23 de abril de 2014
Las moscas (Antonio Machado)
lunes, 24 de marzo de 2014
Sobre el olivar (Antonio Machado)
SOBRE EL OLIVAR
Sobre
el olivar,
se
vio a la lechuza
volar
y volar.
Campo,
campo, campo.
Entre
los olivos,
los
cortijos blancos.
Por
un ventanal,
entró
la lechuza
en
la catedral.
San
Cristobalón
la
quiso espantar,
al
ver que bebía
del
velón de aceite
de
Santa María.
La
Virgen habló:
-Déjala
que beba,
San
Cristobalón.
Sobre
el olivar,
se
vio a la lechuza
volar
y volar.
A
Santa María
un
ramito verde
volando
traía.
martes, 3 de septiembre de 2013
Recuerdo infantil (Antonio Machado)
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
domingo, 6 de enero de 2013
A un olmo seco. (Antonio Machado)
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
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